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jueves, febrero 19, 2009

EL VUELO






Mi mujer, se niega a mirar, se da la vuelta. Una suave brisa del norte apenas silba entre mis oídos y el casco. Por el rabillo del ojo, veo a la gente alineada a lo largo de la cresta del anfiteatro. No los oigo. La vela, de once metros de envergadura ocupa toda la cumbre, cruje levemente . La brisa comienza a repicar, como las tandas de las olas en la Cantábrica.




Son las once, el sol calienta el jou Lluengu, la caliza brilla. Cortinillas de aire recalentado empiezan a titilar por Vallejo, las primeras térmicas rompen desde la hierba tostada de Pandébano. Cinco minutos, menos quizá. Repaso los frenos, un pequeño bulto en el centro de la vela: La Virgen de las Nieves, casi me río, vaya sudario. Chelo, sigue mirando a Horcados Rojos. La vela ondula, abro los brazos, escucho murmullos, muy lejos, asiento los pies. Otra ráfaga, más intensa. Ocho, diez por hora, aguanto, espero a la ola madre. Sube, por las chimeneas, suena como un oboe, re mayor, el aire se vuelve tibio, templado, caliente, un paso, tiro de las suspensiones, la vela cobra vida, empieza a elevarse, a mi espalda, tira para atrás como una endemoniada, otro paso, empujo con todo, cruje como hojaldre y sube... Sube, equilibrada, simétrica, magia, no pesa, no me arrastra, hoy no veré la Leiva. Tengo el paraguas encima, hundo los frenos hasta las rodillas , velocidad, el suelo se mueve rozándome las botas , un metro, dos, diez bajo los pies, de repente todo cobra vida, la gente grita, salta entusiasmada. El tiempo, se pone en marcha.. Las chimeneas de la norte se van abriendo, más y más, freno izquierdo a fondo, la máquina de volar gira, seguro que la ven majestuosa desde la cimera del Urriellu, rozo el espolón norte, las salidas de la Rabada/Navarro, miro a Rocasolano y hacia la laja España, muy temprano, para ver a nadie tan alto en la Tapia. Abajo, rodeando el refugio, motas de colores salpican la Vega.. Decido sobre la marcha, giro ahora muy despacio para conservar la altura y arrumbo al norte. Paralelo a los Albos, sobrevuelo el jou Lluengu, distingo el Llagu Rasu y en el fondo del jou, unas hormiguitas avanzan por la pedrera. La canal de Camburero, se ve como en el mapa...


De pronto, me acuerdo de un de chaval de quince años, una Semana Santa de aquellas…. hundido en nieve papa hasta la cintura, subiendo por Camburero, con el “único” objetivo de ver El Picu más de cerca., y de cuando aquel guaje, un año después, aún no se cree que está pisando su cima. y …….cuando bajo mis pies, discurre Valcosin, estoy llorando como una Magdalena. Cincuenta metros, cincuenta puñeteros metros más y hubiera sobrepasado Main. Me acerco a sus laderas en un vano intento de remontar y solo consigo unos cuantos meneos, producto del rotor que el viento norte genera a sotavento. Centro el ala sobre Bulnes y girando por encima de los Llanos del Torno, decido menguar el kilómetro de altura que tengo sobre el pueblo. A medida que pierdo altura, he de cerrar el giro sobre el puente Colines, en Bulnes se distingue una buena tertulia a la vera de casa Marcelino, grito, pero no me oyen. Tengo que buscar la toma, estoy en ello cuando una fuerte ráfaga que proviene, como no, de la canal del Tejo, me pliega media vela por la derecha; el reloj se para de nuevo; como puedo, salgo de la plegada para inmediatamente atender a la siguiente esta vez por la izquierda. Así, hasta media docena de veces. El aire, canalizado por el embudo del Tejo aumenta de fuerza, viento en cola giro una última vez a unos ciento cincuenta metros sobre Bulnes y lo encaro, es tan fuerte, que el parapente apenas penetra y comienza a descender con una fuerte componente vertical, me cuelgo materialmente en la silla y doy máxima velocidad. A la izquierda, por debajo del camino del Castillo, un paisano está segando bajo un tilo, apenas a treinta metros de prado, comienzo a derivar hacia el árbol, un par de largos de cuerda, pero no voy a llegar, soy como un paracaídas de campana a cámara lenta. Planeo un metro y desciendo cuatro, de súbito, el viento cae, la vela se encabrita y salgo disparado hacia el tilo, al mismo tiempo que me doy cuenta de la inclinación de la parcela. Aguanto como puedo la tentación de girar ¡Que pedazo de tilo!




El paisano, alucinado, levanta la cabeza y me ve aparecer de la nada, frenos a fondo y de repente todo se para, tomo tierra como si bajara el último peldaño de la escalera de casa, primero un pie, luego el otro. La copa del tilo a dos metros de la campana de la vela, suspendida en el aire, como mirándolo. El hombre está agarrado al "guadanu". No puedo evitar acordarme de Javier -El Moreno-, que hace unos días salió por pies, tras tomar en un prado Somedano, mientras el pastor gritaba ¡¡¡¡El diañu!!!! ¡¡¡¡El diañu!!!!. Eso sí, empuñando la "guiada".






- ¿De dónde sale usted?


-Del Picu.


-¿Lu ayudu?


-Gracies.




Recogimos la vela en cinco minutos.




-Jefe, le invito a una cerveza en casa Marcelino




Aquella mañana no hubo más siega.






.........................Alfredo Íñiguez 2006






Cierto, hasta la última coma. Constituye el primer salto en parapente desde la misma cumbre del Picu Urriellu en 1991.

Había subido conmigo Nardo-el mineru-excelente alpinista que había realizado las cuatro caras del Picu en el día junto con Nacho Orviz- con la intención de sacar unas fotos.
Se puso tan "nerviosu" que se olvidó de cargar el carrete en la reflex. ¡Manda güevos!






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